El Führer en el cono sur.
Las versiones oficiales de los aliados, los reportes de los testigos, como Trauld Junge, su secretaria particular, y los ensayos biográficos más respetados (Hugh Trevor, Joachim Fest) aseguran que el 30 de abril de 1945 Hitler se suicidó en su búnker en la Cancillería de Berlín, mientras esta estaba ocupada por las fuerzas soviéticas del Ejército Rojo. Dio estrictas ordenes de que su cuerpo y el de Eva Braun fueran cremados para evitar los ultrajes que había sufrido el cadáver del líder fascista Benito Mussolini muy poco antes (el día 28 de abril los partisanos ejecutaron a él y su amante Clara Petacci y los desfiguraron). La cremación se llevó a cabo en el jardín de la Cancillería del Reich y los restos fueron sepultados allí mismo superficialmente. Cuando los soldados rusos penetraron en las instalaciones se apoderaron de ellos y, aunque el gobierno de la URSS avaló la versión del suicidio, nunca presento al público las evidencias materiales para sustentarla.
A partir de esa misma época surgieron diversas teorías de conspiración según las cuales el cadáver del búnker pertenecía a un doble del dictador, y que este había logrado huir y quedar a salvo. En 2010 e; periodista argentino Abel Basti publicó el libro El Exilio de Hitler, el cual es una entrega más del resultado de sus investigaciones realizadas durante quince años sobre la presencia de criminales nazis en Argentina. De acuerdo con este autor, el doble de Hitler llegó al búnker el 22 de abril de 1945 y ese día el verdadero Hitler voló al aeropuerto austriaco de Linz acompañado de una comitiva conformada por ocho personas, entre ellas Eva Braun. Supuestamente permanecieron allí cuatro días antes de volar a Barcelona, España, el 26 de abril –esto a partir de entrevistas con testigos contemporáneos- al tener el apoyo del dictador fascista Francisco Franco.
Con la anuencia de los estadounidenses, a quienes según Basti les interesaba que Hitler viviera para contener el avance del comunismo, un convoy de submarinos nazis salió de España, realizó una escala técnica en las Islas Canarias y el Führer desembarcó en la Patagonia entre julio y agosto de 1945, con la complicidad del presidente Edelmiro Farrell y el ministro de Guerra Juan Domingo Perón. Basti escribe: “En los primeros años vivió en una estancia cercana en Bariloche, luego en pocas partes del país, ya que cambio de residencia en más de una oportunidad. Siempre lo acompañaron dos guardaespaldas, a veces tres. Su actividad política se limitó a algunas reuniones con viejos camaradas y con algunos militares argentinos. Murió en Argentina en los años sesenta; Eva Braun, más joven que él, le sobrevivió”. No hay pruebas suficientes que avalen lo relatado por Basti, quien aún se mantiene en busca del cadáver.