En 1979, la gigantesca estación espacial Skylab 1, de 77 toneladas de peso, circunvolaba la Tierra a una altitud de 435 km. Durante su primer año en el espacio, en 1973, tres tripulaciones sucesivas completaron un programa de investigación que incluía observaciones detalladas del Sol. Después la Skylab siguió por su cuenta.

Entonces su órbita comenzó a debilitarse, cuando la fricción de la atmosfera la volvió poco a poco más lenta. Pero los científicos de la NASA tenían planes para salvarla y evitar que se precipitara a tierra. Una de las primeras misiones de los transbordadores espaciales que iban a ser lanzados al espacio sería intentar colocar la Skylab en una órbita superior, en donde la fricción sería mínima.

Pero el Sol desempeñó un papel inesperado: una serie de explosiones solares perturbaron el campo magnético de la Tierra. La atmosfera se dilató de manera significativa, aumentando la fricción a medida que la Skylab incrementaba su altitud: como resultado, la estación espacial disminuyó su velocidad. En julio de 1979, mucho antes del lanzamiento del primer transbordador espacial, la Skylab se precipito a tierra.

Se desencadenó una alerta internacional a lo largo de la ruta de caída de la Skylab, pues los millares de trozos de restos planteaban la posibilidad de un desastre en gran escala. Afortunadamente los restos cayeron al mar y en zonas despobladas al oeste de Australia. Así termino el vuelo de 140 millones de kilómetros de la nave espacial más perfeccionada de su época, que llevaba equipo por valor de muchos millones de dólares.