La situación: las técnicas del bio-terrorismo han evolucionado poco desde aquellos tiempos en la Edad Media, cuando lanzaba cadáveres infestados con la peste por encima de las murallas de las ciudades enemigas. Enviar ántrax por correo es prácticamente lo mismo. Jessica Stern, del Belfer Center for Science and International Affairs de Estados Unidos, dice: “lo más seguro es que el uso masivo de las armas biológicas será poco frecuente. El desarrollo de gérmenes requiere de una sofisticación difícil de encontrar en los grupos terroristas”. Mientras que cualquier simple enfermedad puede ser usada como arma, se requiere de una tecnología biológica muy avanzada para movilizarla. Si las partículas de un arma son demasiado pequeñas, las inhalaremos y exhalaremos sin que cause daño. Si son muy pesadas, caerán al suelo antes de ser inhaladas.
Los agravantes:
Por décadas, Rusia ha experimentado con este tipo de armamento. El problema es que, si la información que poseen cayera en malas manos, los resultados serían desastrosos. Un estudio británico reciente indica que el hecho de que hoy en día sean menos necesarias las vacunas hace que las posibilidades de epidemias como la viruela sean peligros latentes.
¿Falta mucho?
En el peor de los casos, veinte años.
Dice el experto:
El Doctor James Martin dice: “esta es una situación muy peligrosa que debería estudiarse de cerca y con mucha seriedad”.