¿Cómo sería posible expresar por medio de las palabras toda una serie de ideas si no dispusiéramos de los colores? Por ejemplo, cuando hablamos de una novela rosa, entendemos que es de tema romántico y que los enamorados se casan al final, después de muchas peripecias más o menos realistas. Y también al decir que fulano se puso blanco como el papel al enterarse de la noticia, entendemos la idea. Los viejos verdes, ya se sabe, cortejan a las jovencitas, y los chistes colorados no deben contarse delante de los niños. Un moretón esta señalado, evidentemente, por un lindo color morado de resultas de algún golpe; por cierto que durante varios días evolucionará volviéndose azul, verde y después un amarillo enfermizo, antes de desaparecer por completo. El amarillo es el que compite con el verde en el rostro de las personas envidiosas, y la ira suele relevarse por un rostro de color púrpura o morado, aun cuando no faltará quien exclame: “¡estoy negro de coraje!”. A la vergüenza se le atribuye el rojo o colorado; y si se dice de que alguien es gris de pies a cabeza, se está implicando que esa persona carece de originalidad o siquiera de alguna característica que destaque. ¿Y que es un príncipe azul? Curiosamente no se trata del príncipe de los Tuareg, los hombres azules que recorren el desierto del Sahara en su vida de nómadas. No. Se llama así al príncipe encantador de que nos hablan los cuentos de hadas, aquel que recoge la zapatilla de cristal de Cenicienta o despierta con un beso a la bella durmiente o a Blanca Nieves. Y por, extensión, es el hombre joven, rico y guapo, que todas las jovencitas esperan encontrar para que se case con ellas. ¿Hay algo más grafico que el color para expresar matices físicos o psicológicos?